A menudo los niños caen en la costumbre de ignorar las órdenes porque saben perfectamente bien que éstas se repetirán varias veces antes de que tengan que responder. Han aprendido el tiempo exacto que tardan sus padres en enfadarse lo suficiente para obligarlos a obedecer. También saben cuándo los padres probablemente desistirán y harán por sí mismos la tarea que se les ha sido ordenada. Ocasionalmente, no obstante, la falta de respuesta es pura rebeldía y a veces se produce porque se pide demasiado, demasiado rápido y no se expresa con la suficiente claridad.
Si su hijo comprende las órdenes pero obedece raramente, intente estas soluciones que se han demostrado eficaces:

Ser claro y conciso
Los padres están frecuentemente tan ocupados dando órdenes de que no se dan cuenta de que dan muchas cosas por sentadas. Un niño no puede saber lo que “limpia tu habitación” significa. Su concepto de habitación limpia puede no coincidir con lo que sus padres esperan. A veces los padres dan varias órdenes a la vez y el niño es incapaz de recordarlas todas. Finalmente en muchas ocasiones los padres piden al niño que haga algo cuando su intención era solo decírselo.
Los padres deben definir lo que quieren decir con palabras sencillas y comprensibles. Aclare lo que la orden supone y compruebe que el niño lo ha entendido claramente. Algo concreto y sencillo
Limite el número de demandas. Muchas veces los padres dan demasiadas órdenes a la vez. Es conveniente dar al niño solo el número de órdenes que pueda recordar. Cuando haya cumplido esas, añada más si es necesario. Si los padres quieren que el niño limpie su habitación, por ejemplo, dígale como hacerlo paso a paso: “Recoge los juguetes, guárdalos. Cuelga tu ropa” etc...
Pensar antes de hablar. No se le puede brindar al niño una elección como:“¿Quieres limpiar la habitación ahora?” si no se quiere oír “No” o “No quiero”. Es posible ser firme sin ser dictatorial y se puede utilizar la motivación, como por ejemplo, “Apuesto a que sales del coche antes de que cuente hasta diez”.
Obtener la atención del niño
A menudo los niños están tan sumergidos en sus actividades que, en realidad, no oyen lo que se les dice. Para evitarlo, los padres deben asegurarse de que el niño sabe perfectamente lo que se le ha dicho y conviene mirarle a los ojos mientras se le está pidiendo algo. Pídale que repita las órdenes y, después, que interprete lo que significan. Esta táctica es de utilidad sobre todo si el niño tiene poca capacidad de atención y se distrae fácilmente.
Pensar lo que se dice y decir lo que se piensa
Los padres están siempre ocupados y a veces, cuando piden al niño que haga una tarea, dan por sentado que éste la hará y por lo tanto se olvidan de ella. Aunque no siempre es así, es importante asegurarse de que cada vez que se dan órdenes, éstas se cumplen y así el niño no adoptará el comportamiento de ignorar a los padres. Por otra parte, se ha de evitar pedir cosas innecesarias al niño.
Convertir en un juego
La mayoría de órdenes no requieren mucho tiempo para ser llevadas a cabo, a veces menos del que se pierde discutiendo acerca de las mismas. Si se empieza pidiendo al niño que ayude mientras aún es muy pequeño, éste considerará estos quehaceres como una cosa normal de su vida cotidiana. Más tarde, se pueden hacer juegos en el momento apropiado, como decir: “¿Cuánto tiempo crees que tardarás en hacerte la cama? Preparados, listos, ¡ya! Fantástico, sólo has tardado cuatro minutos. Eres un ayudante rapidísimo. Ahora puedes irte a jugar”. De este modo se enseña a un niño de manera positiva que ayudar no quita mucho tiempo.
Supervisar
La mejor manera de asegurarse de que el niño cumple las órdenes correctamente es controlarlo mientras el niño hace la tarea, pero siempre de forma útil y positiva. Si se prefiere se pueden efectuar inspecciones cuando el niño ha terminado la tarea. El objetivo es no encontrar defectos aunque los padres deben asegurarse de que han seguido las órdenes sin convertirse en un antipático sargento.
Elogiar
Creemos firmemente que la clave para alentar al niño a seguir las órdenes de forma eficaz es ser positivo: se ha de actuar esperando que el niño obedezca y cuando lo haya hecho, dar una respuesta positiva. “Gracias por darme las gafas. Te lo agradezco mucho”,“Hiciste un buen trabajo limpiando tu habitación: has guardado todos tus juguetes y libros y has ordenado el armario. Lo has hecho muy bien.”
Cuando sea posible, es conveniente asociar un quehacer bien hecho a una actividad que al niño le guste. Alternar el trabajo con la diversión. “José, después de haber guardado tus libros, ¿por qué no sales y vas en bicicleta o juegas al baloncesto?” o “ Jessica, realmente hemos trabajado mucho en el jardín. Voy a preparar un zumo y unas palomitas de maíz”.
La falta de respuesta ha de tener consecuencia
Si los padres han intentado métodos positivos y han sido ignorados, o bien si su hijo responde con un poco cooperativo “¿Por qué he de hacerlo?”, la situación ha llegado a un punto en el que se han de aplicar consecuencias negativas para cambiar el modelo.
Utilizar un tiempo de respuesta de cinco segundos. Si el niño ya ha ignorado previamente las órdenes paternas, se ha de introducir un tiempo límite para que responda. Cuente hasta cinco. Si el niño no ha contestado y empieza a responder en el momento en el que se ha terminado de contar, repita la orden de nuevo. Después de al niño a escoger entre dos alternativas. Por ejemplo: “Juan, debes hacer lo que te he pedido, o bien yo te ayudaré a hacerlo” o “Carlos, debes limpiar ahora o te vas castigado y limpias después”.
Guiarlo con la mano. Si se escoge esta alternativa, repita las órdenes al final del periodo de cinco segundos y después “conduzca” al niño hacia la respuesta adecuada. Es decir, se coge de la mano al niño y se le pone en acción.
Utilizar el tiempo fuera de juego o en el rincón. Durante un rato se puede utilizar el tiempo fuera de juego. Después, haga usted que el niño haga lo que se le había pedido.
Utilizar la sobrecorrección. Si el niño no sigue las instrucciones es que quizá no sabe como hacerlo y, por tanto, es conveniente hacerle practicar el quehacer repetidamente, supervisándolo.